La niña dormía, nostalgia de su cachorrito
Su pelo estaba enmarañado, frutas sabrosas y de vistosos colores adornaban su vestido. Dormía, con una sonrisa en la boca. Estaba feliz porque ya no existían palabras que dañaran su corazón. Las había tirado al río y se las habían comido los peces. Todos tuvieron indigestión pero se recuperaron. Y la niña dormía feliz. Unos tenues rayos de Sol acariciaron su rostro. Le dieron calor. Como el abrazo de un enamorado. Y la niña se despertó y dio gracias por estar viva un día más. Se arrepintió mucho de haber pedido ayuda a aquel que vive en la oscuridad y solo sale para apoderarse de niñas inseguras y con necesidad de amor. Ahora estaba sola. Una manta la cubría y en el suelo había juguetes, muñecas y muñecos de madera. También había muchos cuentos pues esta era una niña a la que le gustaba mucho leer. Pero estaba sola. Tuvo un amigo durante mucho tiempo. Era un cachorrito de Koala que estaba perdido y al que nadie quería. Era encantador, muy gracioso y tierno y fueron muy amigos durante mucho tiempo pero el Koala creció y unos monstruos muy malos se lo llevaron lejos. La niña se quedo muy triste y el señor de la oscuridad le hizo una visita. La niña quería sus caramelos y su padre no quería dárselos así que ofreció su boca de cereza a cambio de dinero para comprar sus caramelos. Aquella noche no pudo dormir a pesar de tener la dulzura de sus caramelos largos y con sabor a humo. Se quedó sola pero su amigo el Koala nunca la pudo olvidar. Ahora duerme, tranquila, el señor de la oscuridad la persigue y ella se esconde tras los árboles donde se disfraza con vestidos de señorita que va a trabajar. Algún día serás feliz niña, encontrarás un hombre bueno, no llores más.

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