Capítulo 1 (Continuación)
Los robos eran frecuentes aunque se consideraban faltas menores y rara era la vez que los autores de los hurtos recibían sanciones a pesar de ser sabido por los enfermeros. Las colas para desayuno, comida, merienda y cena se hacían interminables y desesperantes que exhasperaban al personal formando discusiones y peleas a menudo. La dieta consistía en pastillas y comida de la peor calidad ya fueran basal, hipocalórica o hipocalórica. Pijeces en la ultratumba carcomida de gusanos y piojos. En "San Gleimore" se respiraba un ambiente un ambiente de rigidez y control exagerado lo que suponía una escasa posibilidad para Karen de adaptación por su espíritu ácrata y sus principios libertarios pero Karen no encajaba en ningún lugar. La abnegación, el sufrimiento y su lucha por dejar su huella en la historia como escritora y feminista entre otras cosas formando parte de su destino. Si Karen no vivía en "San Gleimore" Dónde y cómo lo haría? Sencillamente Karen pasó de ser un ratón de biblioteca a un ratón de laboratorio. Karen formaba parte de un experimento en uno de los edificios sectáreos de la ciencia. Continuamente observada los médicos formulaban sus conjeturas e hipótesis.
Las primeras palabras de bienvenida que recibió Karen fueron "Bienvenida al infierno" con una voz firme, rotunda y grave a boca de Lusyll, una chica de color africana, más concretamente de Angola, que más tarde se convertiría en una de las mejores amigas de Karen. A Karen le dieron ganas de responder "amén" pero, desde luego, los pantalones de pinzas no le venían grandes y después de pasar las de Caín una advertencia así no le daba ningún miedo. Tras ver su habitación, un árbol de hoja caduca en invierno que Karen, con el tiempo se encargaría de devolverle la primavera, llenándolo de vida con sus múltiples dibujos, collares y escritos que colgaba en la pared y con su ropa, maquillaje y demás enseres personales. Se fijó en que la habitación era compartida ya que había dos camas aunque no se hacía una idea de cómo sería su compañera.
Al sentirse desplazada, rechazada por su madre y desarraigados situada en un enclave amenazante difícil de soportar para ella por tratarse de una coacción a su libertad lo primero que escribió en su diario al quedarse sola en la habitación fue sobre su infancia y la tierra donde fue criada por su abuela materna al tratarse de sus mejores recuerdos y pasar como un relámpago sus raíces más tiernas, imágenes de cuando era tan niña y feliz:
"Porque atrás quedaron las castas blancas llenas de flores en balcones y golondrinas al vuelo marcando el destino de su tren. Atrás quedó todo lo que puedo recordar. Canciones bajo la Luna, de mi misma, siendo niña agarrada al balcón o en el patio de rosas y flores silvestres mientras me envolvía el aroma a sopa de pan que mi abuela preparaba sobre el fogón. Se escapaban los maullidos de Simon, escondida como siempre en la alacena, trasteando con los tarros de miel y mermelada, subiéndose a los estantes y quizá bailando al son de mi canción como divertida gata que fue, Simone ... Atrás quedó mi tierra de trigales de mimbre, campos de olivos, cestas de fruta, botijos de barro llenos de agua fresca y mi abuelo sentado en la mecedora se mece mientras con su pañuelo seca el sudor de su frente. Allí fue donde aferré mis raíces como se aferra el ancla en alta mar. Si mal no recuerdo, qué bonito fue lo que quedó atrás como siempre nos engaña la mente, como una ilusión óptica, o el sueño más bonito y duele al despertar, como siempre pensamos que el pasado fue mejor pero el pasado quedó atrás y al próximo segundo no sé qué va a pasar.
Ahora me encuentro aquí y quiero pensar que tuve una vida mejor, pero se amarga mi saliva y mi corazón late más fuerte al confesar e a mi misma, que, de alguna manera, siempre he estado aquí. No es ningún lugar, tierra de nadie, un laberinto, un negocio por no ser tan atrevida como para tildarlo de secta, pero de eso hablaré más adelante. Lo que espero y deseo es que no se me hiele el corazón y pueda seguir sintiendo el frío y el calor, que se me duerme el pie o el dolor de una herida. Ahora me voy un ratito a soñar, aunque los sueños no se esperan, se persiguen. "
Continuará ...
Las primeras palabras de bienvenida que recibió Karen fueron "Bienvenida al infierno" con una voz firme, rotunda y grave a boca de Lusyll, una chica de color africana, más concretamente de Angola, que más tarde se convertiría en una de las mejores amigas de Karen. A Karen le dieron ganas de responder "amén" pero, desde luego, los pantalones de pinzas no le venían grandes y después de pasar las de Caín una advertencia así no le daba ningún miedo. Tras ver su habitación, un árbol de hoja caduca en invierno que Karen, con el tiempo se encargaría de devolverle la primavera, llenándolo de vida con sus múltiples dibujos, collares y escritos que colgaba en la pared y con su ropa, maquillaje y demás enseres personales. Se fijó en que la habitación era compartida ya que había dos camas aunque no se hacía una idea de cómo sería su compañera.
Al sentirse desplazada, rechazada por su madre y desarraigados situada en un enclave amenazante difícil de soportar para ella por tratarse de una coacción a su libertad lo primero que escribió en su diario al quedarse sola en la habitación fue sobre su infancia y la tierra donde fue criada por su abuela materna al tratarse de sus mejores recuerdos y pasar como un relámpago sus raíces más tiernas, imágenes de cuando era tan niña y feliz:
"Porque atrás quedaron las castas blancas llenas de flores en balcones y golondrinas al vuelo marcando el destino de su tren. Atrás quedó todo lo que puedo recordar. Canciones bajo la Luna, de mi misma, siendo niña agarrada al balcón o en el patio de rosas y flores silvestres mientras me envolvía el aroma a sopa de pan que mi abuela preparaba sobre el fogón. Se escapaban los maullidos de Simon, escondida como siempre en la alacena, trasteando con los tarros de miel y mermelada, subiéndose a los estantes y quizá bailando al son de mi canción como divertida gata que fue, Simone ... Atrás quedó mi tierra de trigales de mimbre, campos de olivos, cestas de fruta, botijos de barro llenos de agua fresca y mi abuelo sentado en la mecedora se mece mientras con su pañuelo seca el sudor de su frente. Allí fue donde aferré mis raíces como se aferra el ancla en alta mar. Si mal no recuerdo, qué bonito fue lo que quedó atrás como siempre nos engaña la mente, como una ilusión óptica, o el sueño más bonito y duele al despertar, como siempre pensamos que el pasado fue mejor pero el pasado quedó atrás y al próximo segundo no sé qué va a pasar.
Ahora me encuentro aquí y quiero pensar que tuve una vida mejor, pero se amarga mi saliva y mi corazón late más fuerte al confesar e a mi misma, que, de alguna manera, siempre he estado aquí. No es ningún lugar, tierra de nadie, un laberinto, un negocio por no ser tan atrevida como para tildarlo de secta, pero de eso hablaré más adelante. Lo que espero y deseo es que no se me hiele el corazón y pueda seguir sintiendo el frío y el calor, que se me duerme el pie o el dolor de una herida. Ahora me voy un ratito a soñar, aunque los sueños no se esperan, se persiguen. "
Continuará ...
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