Subida a mi nube
Amanece un nuevo día, tan nuevo como mis arrastradas botas. Tan gastado como la apurada colilla, el charco en verano, el nombre de una cantante de moda, o mis botas, llenas de betún marrón, negro y violeta. Oh, Dios mío, la gata pura y blanca acabó muerta bajo la cama y aún escucho sus gemidos desvalidos en la oscuridad de mi cuarto mientras que la brisa que entra por la ventana distrae los mechones de mi pelo, me perfuma de frescura y me devuelve el aliento. Hice un ramo de estrellas con mi nocturno sufrimiento de cascabel callado bajo mi lecho. Las botas continúan su ruta, se reflejan en los cristales y en los charcos de hace tantos años que ya no recuerdo.
Siempre el mismo número , aquí no crece la hierba, ni las flores, solo sombrías respuestas de árboles siempre desnudos, se subió un gallito a las ramas y despertó el día borracho.
El número siempre es el mismo, el perdedor en la ruleta por más oportunidades que le de con mi pobre dinero.
Y amanece un nuevo día y yo me subo a mi nube para seguir durmiendo, soñando. Alguien aún tiene sueños? Y qué bien huelen las estrellas con su tacto gris, qué bonito color el de sus aristas afiladas que me cantan la canción del final que celebró bailando con mi peluche fiel y mudo de mirada, perdida y rota. Haré miles de ramos con tantas estrellas... tengo entretenimiento para rato y si me ponen una escalera para que baje de mi nube diré que no bostezando, que hoy es otro lunes y las horas puntas me pintan una sonrisa mientras la Luna me canta la nana de los amores separados, que a quien madruga Dios le ayuda y yo me subo a mi nube para seguir soñando.
Qué ronroneo de gatos que se despiertan sobre los tejados bostezando ternura, arrancándose pesadillas y pidiendo otra nube si es que quedan plazas en el mundo de los sueños Y qué puntual el reloj de la iglesia que da las tres a las deis de la mañana, quizá anoche se fue de fiesta. Igualmente la cigüeña vuelve a su nido y antes de que amanezca haré un ramo de estrellas. A la fugaz Le pediré mi deseo.
Los muertos agoniza n bajo sus lápidas porque siguen vivos lejos, muy lejos... Y en mi nube sueño que ceno sopa tibia, pasteles con nata de espuma de mar, que haré una fiesta para celebrar el amor que aún queda en el mundo y que lo más bonito no cuesta dinero mientras el Sol me tilda de dormilona, la nostálgica Luna me dice que soy eterna como sus noches tejiendo la escalera para niñas malas, para niñas buenas que se atreven a subirse a una nube cuando el despertador ordena y hacen ramos de estrellas y sueñan con sopas tiernas, delicias de Sol y nata de espuma de mar. Y qué bien poder soñar y que tonta la cigüeña que vuelve a su nido en Julio por Navidad.
Siempre el mismo número , aquí no crece la hierba, ni las flores, solo sombrías respuestas de árboles siempre desnudos, se subió un gallito a las ramas y despertó el día borracho.
El número siempre es el mismo, el perdedor en la ruleta por más oportunidades que le de con mi pobre dinero.
Y amanece un nuevo día y yo me subo a mi nube para seguir durmiendo, soñando. Alguien aún tiene sueños? Y qué bien huelen las estrellas con su tacto gris, qué bonito color el de sus aristas afiladas que me cantan la canción del final que celebró bailando con mi peluche fiel y mudo de mirada, perdida y rota. Haré miles de ramos con tantas estrellas... tengo entretenimiento para rato y si me ponen una escalera para que baje de mi nube diré que no bostezando, que hoy es otro lunes y las horas puntas me pintan una sonrisa mientras la Luna me canta la nana de los amores separados, que a quien madruga Dios le ayuda y yo me subo a mi nube para seguir soñando.
Qué ronroneo de gatos que se despiertan sobre los tejados bostezando ternura, arrancándose pesadillas y pidiendo otra nube si es que quedan plazas en el mundo de los sueños Y qué puntual el reloj de la iglesia que da las tres a las deis de la mañana, quizá anoche se fue de fiesta. Igualmente la cigüeña vuelve a su nido y antes de que amanezca haré un ramo de estrellas. A la fugaz Le pediré mi deseo.
Los muertos agoniza n bajo sus lápidas porque siguen vivos lejos, muy lejos... Y en mi nube sueño que ceno sopa tibia, pasteles con nata de espuma de mar, que haré una fiesta para celebrar el amor que aún queda en el mundo y que lo más bonito no cuesta dinero mientras el Sol me tilda de dormilona, la nostálgica Luna me dice que soy eterna como sus noches tejiendo la escalera para niñas malas, para niñas buenas que se atreven a subirse a una nube cuando el despertador ordena y hacen ramos de estrellas y sueñan con sopas tiernas, delicias de Sol y nata de espuma de mar. Y qué bien poder soñar y que tonta la cigüeña que vuelve a su nido en Julio por Navidad.

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