El despertar de Mirlo




- Otra vez llorando, Mirlo?
- Sí. - Susurra Mirlo entre sollozos, tapandose la cara, como si se avergonzase de mostrar sus sentimientos delante de una chica tan joven y el un hombretón a punto de entrar en los cincuenta. De todos modos ya tantas veces lo había hecho que la chica conocía a la perfección sus largos dedos de pianista, su flequillo color pistacho por encima de sus uñas, algo amarillentas, la del indice y el corazón, por ser fumador empedernido. Ahogados gemidos, tan sentidos como se siente una nueva vida o una vida que se va....

- Se trata de Madeleyn otra vez, verdad? - Hoy la has visto?
- Sí - Musita Mirlo.- Su llanto ha cesado porque ahora quiere hablar sobre ella y la niña, por debajo de sus frases, susurra perfectamente las mismas palabras - Ella es tan hermosa, sus carnosos labios carmesí, su pálida piel y esos ojos tan negros, tan negros que me cortan la respiración. Y me ha sonreído, hoy también me ha sonreído.... Madeleyn.... La amo tanto.
- Te ha dicho algo?
- Sí, "te quiero"
- Cómo?, Que te ha hablado?
- Me lo han dicho sus ojos.

La chica esboza una sonrisa bañada en lágrimas mudas y se lleva una mano a la frente. Se haya de espaldas a él amasando la carne picada recién bañada en huevo para luego rebozarla con el pan rayado.
Crepita el aceite como crepitan las pobres neuronas de Mirlo que estallan y sentado a la mesa de la cocina con las manos apoyadas en rezo quiere seguir hablando de su amada, de Madeleyn y la niña lo sabe aunque esta vez no conoce las palabras que va a pronunciar.

- Está tarde volveré a ir a verla. Ella siempre me espera en la calle Princesa esquina con la calle Capitán Sur. Es tan perfecta su sonrisa, su figura fina y sinuosa justo en los lugares más estratégicos de la fisionomía femenina. Es tan profunda su mirada y sus cabellos de oro como en el medievo las princesas. Dice que me quiere.

- Aquí tienes, Mirlo! - Y la niña suelta bruscamente un plato de sabrosos filetes rusos sobre la mesa.- Y no llores otra vez, por favor.

Pero Mirlo rompe en sollozos y la chica sale de la cocina suspirando.

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La chica no tiene apetito, aunque las manecillas de su reloj rozan las cuatro de la tarde. Sentada en la cama apoya sus manos sobre sus mejillas y sus codos sobre sus rodillas. Piensa en Mirlo y en Madeleyn. "Alguna vez se le pasara?" Se pregunta. Y se siente como cuando alguien nace o como cuando alguien se va.

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Los días pasan, como como  los transeúntes en las horas puntas recorriendo las mismas avenidas camino a los mismos trabajos. Y los días pasan y Mirlo sigue sollozando tras sus manos, relatando sus encuentros con Madeleyn. Lo bella que es y cómo sus profundos ojos dejan grabadas en su corazon las palabras "te quiero".

- Ella es tan hermosa, sus carnosos labios carmesí, su pálida piel y esos ojos tan negros, tan negros que me cortan la respiración y me ha sonreído, hoy también me ha sonreído.... Madeleyn.... La amo tanto.
Y la chica subraya a susurros la misma perorata de todos los días mientras mueve y remueve en la cazuela con una cuchara de palo y añade sal al punto de ebullición. El cuadro es el mismo: un hombre extremadamente delgado, consumido por un tormento de amor, Madeleyn, y sus huesudos dedos ahogando su irremediable llanto y delatando su imperiosa necesidad en lo amarillento de unas uñas que su flequillo color pistacho no llega a esconder y la chica no sabe si enfadarse o compadecerse del pobre Mirlo. Echa la pasta a la cacerola, remueve con la cuchara de palo y se sienta a su lado. Con suavidad retira las manos de la cara de Mirlo y descubre unos acuosos ojillos azules que parecen brillar y temblar por efecto de las lágrimas, unas pobladas cejas y unos labios finísimos como una línea recta que solo saben decir: la amo, Madeleyn, la amo....

- Hoy también la has visto? - Pregunta la chica.
- Sí, es preciosa. Llevaba una falda larga de vuelo, tan solo dejando ver unos finos tobillos acabando sus largas y bien proporcionadas piernas en unas cómodas sandalias. Y se abanicaba sonriéndome y diciéndome "te quiero"... La amo, Madeleyn.

- Mirlo.- Le espeta la chica bruscamente - Madeleyn no volverá, Madeleyn se fue.
- No digas eso!- Exclama el hombre golpeando la mesa con los puños - La veo todos los días en la calle Princesa esquina con la calle Capitán Sur y.... me ama.
- No!- Exclama la niña rotunda.

Y Mirlo rompe a llorar. Chirría la silla al levantarse la niña. Apaga el fuego, coge la mano de Mirlo para arrancarle del asiento y salen corriendo a la calle.

- Vamos a ver a Madeleyn. Vale, Mirlo? Tu amada. Quieres verla?
- Sí, la amo.
- Bien, corramos entonces. Te demostraré que Madeleyn no existe porque Madeleyn se fue para siempre.

Mirlo no para de sollozar mientras corren por las calles camino de la calle Princesa esquina con la calle Capitán Sur.

- Deja de llorar, Mirlo!- Ordena la chica que parece un sargento más que una dulce muchacha de quince años.

Entonces todo ocurre muy deprisa. Llegan al punto clave y Mirlo queda absorto delante de un escaparate mientras su corazón exaltado se adueña de su razón en un socorrido " Te amo! Te quiero! Mi preciosa Madeleyn....

- Esa es Madeleyn, Mirlo? Tú amada? - Comienza su latente irá esperando contestación. Mirlo entre jadeos contesta que sí y entonces la chica sin poder contener más una mezcolanza de intensos sentimientos pega cuatro tremendos puñetazos al cristal y rompe el escaparate. Entonces saca a "Madeleyn" y se la acerca a Mirlo.

- Mira - Le dice a Mirlo - Aquí está tu Madeleyn.

Mirlo parece feliz.

- Mira sus carnosos labios carmesí, bésala.

Y Mirlo la besa.

- Verdad que son carnosos? Seguro que hasta ha sido un beso con lengua. Le espeta burlona la chica. Hay un punto de inocencia cruel en sus palabras que la hace sentir como un equilibrista en peligro de perder el punto de gravedad de su cuerpo.
- No, son duros - Dice Mirlo.
- Y el pintalabios rojo pasión debe ser de mentira.No, Mirlo? No hay ni rastro de el en tus labios.
- Será permanente.

La chica suelta una carcajada histérica.

- Abrázala, Mirlo! Siente su cuerpo.
- Está fría, su cuerpo es duro, no se mueve.

La chica no para de reír en lo que podría compararse con el croar de una rana en su charca pidiendo auxilio o el lamentable llanto de un gato maullando a la Luna tras un desengaño.

- Mirlo... - Continúa maléfica - Ahora pregúntale si te ama. Vamos, pregúntaselo.
- Me amas? - Pregunta el pobre diablo.
- Escuchas contestación? Porque yo no oígo nada.
- Me lo dicen sus ojos.

Entonces la chica revienta como cuando un globo explota.

- Imbécil, cretino. Madeleyn se fue. Madeleyn nunca volverá. Madeleyn dejó de estar con nosotros. Esto, esto - Continúa la chica señalando a la supuesta "Madeleyn" - No es más que una jodida maniquí y es jodidamente jodido Mirlo, pero mamá falleció. Mamá no volverá nunca.

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Como cada amanecer, justo a las seis en punto de la mañana. Mirlo entra en el bar "La Morada". Se acerca a la barra, llena de otros madrugadores currantes que como él se disponen a comenzar su jornada entonados cada uno con su correspondiente licor. Mirlo, en seguida, echa de menos a Pepe, el dueño del bar y la simpática camarera rubia y pequeñita llamada Loli. En su lugar ve que la barra está regentada por una bárbara morena de vertiginosas curvas, alta y con ojos de gata. "Menudo pibón" piensa Mirlo al instante. La morena se le acerca y le pregunta, Mirlo pide lo de siempre un bourbon con hielo y le pregunta dónde se ha metido Pepe y su simpática ayudante.

- Ahora el bar es mío. - Contesta la morena.
- Ah, no sabía que Pepe hubiera puesto el local en venta.
- Pues sí, así que si eres cliente habitual tenemos una cita a las seis todas las mañanas.- Y la morena le dedica una de sus mejores sonrisas y le guiña un ojo.

Mirlo siente unas gotas de sudor en su frente "que preciosidad" piensa, el corazón se le acelera como se le acelera la entrepierna "quizá sea demasiado rápido" duda pero está claro que esa mirada de fuego ha calentado demasiado sus pantalones y el bourbon con hielo contribuye a que el desbordado impulso conduzca a Mirlo a la antesala de una sinuosa carretera tan peligrosa y llena de curvas como una cobra, como el cuerpazo de la morena.

- Quizá podríamos tener una segunda cita a las seis y media.
- Tienes sitio?

Mirlo piensa rápido y torpemente. Se siente algo mareado. "A estas horas Madeleyn está dormida. Será rápido. En la sala de estar".

- Sí - Afirma Mirlo.
- Entonces vamos. - Dice riendo la morena.
- Piensas dejar el bar solo?
- No te preocupes mi marido está en la cocina. No creo ni que note mi ausencia. Aquí trabajamos muchos.
Mirlo sonríe y se marchan de la mano ya rozando sus cuerpos y dándose apasionados besos en cada farola que aún queda encendida. La llave tiene que introducirla ella pues Mirlo que le repite tres veces el típico gesto que significa silencio se encuentra bastante embriagado. En tal tesitura, con una morenaza encima que no para de moverse y gemir descaradamente, con Mirlo borracho y una delicada mujer en la habitación de al lado la tragedia estaba asegurada. Madeleyn se despierta. Somnolienta no da crédito a sus ojos.

- Cerdo, hijo de puta! - Solloza histérica.
- Madeleyn.... - Murmura Mirlo con el tono de voz más suave que le permite su estado.- Lo siento. Te amo.

Mientras, la morena se viste tranquilamente. Madeleyn echa a Mirlo a patadas con la camarera.

- No te lo perdonaré jamás, cabrón!

Una vez los dos fuera de la casa, la mujer le da las llaves a Mirlo.

- Lo siento. Habla con ella. Seguro que podéis llegar a una reconciliación. Eso sí, no vuelvas por mi bar.
Mirlo afirma con la cabeza mientras sus dos manos abiertas sostienen las llaves. Se sienta al lado de la puerta de su casa llorando y al poco se queda dormido.
Cuando despierta mira el reloj y ve que solo son las ocho. Se siente una basura. Un cuerpo fláccido y pestilente, un rudo obrero de finos dedos, un pedazo de pan en el fondo que torpemente se ha comportado como un pedazo de cabrón. Piensa que quizá Madeleyn se encuentre ya más tranquila y puedan hablar para solucionar lo ocurrido. La explicación por su ausencia que le dará a su jefe al día siguiente es lo de menos. Las llaves continúan entre sus manos. Solo el casi imperceptible ruído de éstas al abrir la puerta y el cerrar de la misma le resultan atronadores.

- Madeleyn! - Llama Mirlo, pero nadie responde. Chirría la puerta del cuarto de estar y Mirlo se derrumba en el suelo llorando, golpeando las baldosas y chillando:

- Por qué lo has hecho, Madeleyn? Por qué?

El bote de pastillas se halla en la mesita de noche junto a una botella de vodka y en la misma cama donde Mirlo y la morena se revolcaban yace el cuerpo de Madeleyn sin vida.
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Dos patrullas de policía paran al lado de Mirlo y la chica.

- Qué ha ocurrido aquí? Han sido ustedes quiénes han roto este escaparate a pedradas? - Dice uno de los agentes.
- Se le habrá encaprichado el vestido a la cría - Ríe el compañero.
- He sido yo - Confiesa la chica - Son temas personales. Mi padre se encuentra mal.
- Quiere que arrestemos a su hija? - Pregunta uno de los policías a Mirlo - Se trata de una menor, usted decide.
Mirlo niega con la cabeza.

- Olvidémoslo por esta vez - Sentencia el policía socarrón - Márchense a casa.

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- La noche será larga - Le dice Mirlo a Katy, su hija.
- Lo siento, Mirlo. Tenía que hacerlo.
- No importa.

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Perfectamente este cuento que no es cuento podria finalizar aquí, pero este narrador que no es de cartón-piedra como la perfecta maniquí Madeleyn, siente lástima ante tanta tragedia y se pregunta y le pregunta al lector: qué tal una vuelta de tuerca? Qué tal un final feliz? Sigan leyendo y.... Quién sabe qué ocurrirá?

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Cuando padre e hija llegan a casa Mirlo solo tiene ganas de acostarse, sumirse en un profundo sueño y olvidar lo ocurrido. La chica lo entiende, ella también está cansada pero el círculo del infinito ya ha llegado a su punto y final y Katy se alegra, al menos queda zanjado el tema de Madeleyn, ya no tendrá que sufrir más al sufrido Mirlo. Sin hablar se entienden. Tan solo se dan las buenas noches y se acuestan en sus respectivas camas. El silencio envuelve cada instancia, Katy solo escucha el tic-tac del reloj de pared ajustando cada tic y cada tac al ritmo de su propio corazón y acompañando en una tormentosa, romántica melodía con los gemidos de Mirlo. Katy solo se queda dormida cuando al fin deja de escuchar el llanto de su padre e imagina que ya duerme en paz. Ahora sería el momento de bajar el telón y acabar la función pero no aplaudan todavía....
Unos gritos despiertan a Katy:

- Madeleyn, Madeleyn está viva! Te amo, Madeleyn! Dios mío, es un milagro! Madeleyn está viva!

Katerin se levanta como un resorte y a zancadas se dirige al cuarto de su padre.

- Qué ha ocurrido, Mirlo? Es que no piensas olvidarlo todo ya de una vez o es que prefieres volverte loco? Madeleyn se fue para siempre. Madeleyn no volverá. Entiendes?!

Mirlo con el corazón acelerado, bañado en sudores fríos y con un brillo muy especial en sus ojos le dice a su hija:

- La he visto en sueños, Katy. Se encuentra en el cementerio sentada sobre un montón de arena. Ella misma pudo salir porque no la enterramos en un ataúd y tú madre solo estuvo un tiempo muerta, luego regresó a la vida.
- No te creo, estás delirando. Es cierto que no teníamos dinero para un ataúd pero...
- Pero nada!
- Ya está bien, Mirlo!
- Ella me lo ha dicho en sueños. Puedes venir o no pero yo voy a buscarla.
- Son las tres de la mañana!
- Qué importa eso?

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Bajo los cipreses la fina figura de Madeleyn se haya iluminada por una hermosa y melancólica Luna llena. Mirlo la besa.

- Lo siento. Te amo - Le susurra al oído.
- Estás perdonado. Te quiero - Contesta Madeleyn.

Y Katerin llora y se abraza al abrazo de la pareja. Después se marchan dejando tras de sí la muerte para comenzar una nueva vida.



































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