Bazares chinos: otros mundos




Allá por los años 90, hace más de dos décadas, empezó en España lo que llamaremos el "fenómeno de los bazares chinos". La superpoblación en China, curiosamente uno de los países más grandes del mundo, hacía emigrar a familias de chinitos a otros países y plantar allí sus singulares tiendas y digo plantar en sentido literal ya que iban creciendo como setas y en un solo día ya estaba expuesto el local al público. Siempre recordaré lo que me gustaba ir con mis amigas a comprar cartas y sobres perfumados que coleccionábamos e intercambiábamos.
Los bazares chinos han ido evolucionando pero lo que nunca cambiará es la sensación de pasar una puerta tridimensional y encontrarte en otro mundo al pasar dentro de uno de ellos. Por sus interminables pasillos te puedes encontrar disfraces de mariquita o Spiderman frente a un peluche gigante de un unicornio, cacerolas y sombreros de cowboy. Tragasueños, inciensos, velas y al lado pelotas de Bob Esponja y Patricio.
Con todas las de la ley los chinos no se cortan y lo cuantitativo supera con creces lo cualitativo. La mayoría de sus artículos no pasan los controles de calidad establecidos por la Unión Europea (aunque la etiqueta sí la encontrarás, como buenos falsificadores que son que tras la marca Nike puede estar la marca Nisu y ni te enteras). Así que olvídate de comprarle ese cochecito a pilas con luces y música al nene, son de un solo uso, como los clinex y no se cambian. Por cierto, hablando de clinex, una vez compré unos perfumados en un chino y cogí una alergia de aquí te espero 😂😂😂.
Las amas de casa encontraron su hobbie favorito, seducidas por luces, colores, texturas, sonidos, aromas... Algo así como los casinos normalmente regentados por hombres. El "Todo a 100", el boom de los 90. Los chinos aún no sabían el español ni ponían cámaras de seguridad por lo que contrataban a chicas para que vigilarán los pasillos e indicaran dónde se encontraba cada producto, por supuesto en negro y con un mísero sueldo. Yo misma pasé por esa experiencia y era como mínimo mosqueante ver que comían alimentos de otros comercios y había almacenes secretos, dónde si intentabas entrar el chino de turno te echaba la bronca de turno en chino porque la verdad es que tienen muy mala leche.
Cómo competencia son los primeros del Ranking, perjudicando al comercio español. Están por todas partes, abren de seguido hasta altas horas de la madrugada todos los días de la semana y puedes encontrar cualquier cosa que quieras, incluso tabaco de dudosa procedencia, algunos por solo 3€ que esconden en cajas de zapatos o en la papelera ya que su venta en sus establecimientos no es legal.
Los comercios chinos cambiaron con el tiempo y en la actualidad solo ofrecen comida y alcohol en su mayoría. Ya nos dimos cuenta que sus productos no merecían la pena. Y muchas tiendas de ropa preciosa y barata donde la niña de seis años maneja perfectamente la máquina registradora y te ofrece la bolsa con una sonrisa.
Los paraguas suben de precio cuando llueve y el mismo aceite un día te vale dos euros y al día siguiente tres.
Aún con todo he de reconocer que me encantan los bazares chinos y agradezco que todavía queden y los chinitos hagan su agosto todo el año.


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