Desayúnate con un café y un poema

Destellante amanecer


Y pongo una canción
Miro por la ventana
Ante mí la imponente presencia
Del árbol centenario
Tan erguido, fuerte y orgulloso
Como rodar la tuerca hacia atrás
Y volver a ser joven
En los bancos blancos
Como tu rostro de Luna
Mi sonrosada piel
Respiraba tus palabras
Y se humedecía
Con los besos de la brisa
Donde tú los depositabas
Sin darte cuenta
Mientras me contabas
Y arrancaba
Un pedazo de felicidad
A este infierno
Y pongo una canción
Y miro por la ventana
Me inunda la ausencia
Espero que suene el teléfono
Tan sola, en mi soledad
Acomodada a mi pena
En mi tristeza aún queda alegría
Repentina como un rayo
Estrepitosa en carcajada 
Como las campanas de la iglesia
Cuando regresaba a casa
Del colegio
Dando vueltas
Al vuelo de mi falda tableada
Sé que te quiero
Arrojó mis lágrimas
A un vaso sediento
Como ardiente es el deseo
De ser tan joven
Siendo tan vieja
Y, en mi alegría
Quedan resquemores
De penas pasadas
De penas venideras
Porque acudirán
Como acuden las palomas
Al bendito pan
De ese bocadillo que deberás
Travieso a mis espaldas
Del árbol centenario
Sentado en el banco blanco
Con tu cara de Luna
Resuelto y descarado
Sueltas un disparo al viento
Y al tiempo
Me quedo dormida
Y al día siguiente
Escucho una canción
Miro el teléfono
Y te llamo
Y miro por la ventana
Tan sola en mi soledad
Tan triste en mi alegría
Tan alegre en mi tristeza
De verte de nuevo
De no verte
Y echarte tanto
Tanto de menos...
Soy libre
Entre rejas
Sin ti puedo hacer lo que quiera
Pero nada se compara
A estar a tu lado
Y así, abro la ventana
Y, a sus cien años
Le gritó un suspiro
Y le pido compasión
Del niño
Que en el banco blanco
Devoraba un bocadillo
Que en el banco blanco
Como su rostro de Luna
Como su carita de leche
Le arrancaba
Un pedazo de felicidad
Al infierno




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